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Plena inclusión lamenta el descenso de la tasa de actividad y empleo de las personas con discapacidad intelectual y reclama medidas de apoyo laboral

Noticia | 09 Enero 2017

Valor:

Trabajador con discapacidad en empleo normalizado

Según el reciente estudio del INE “El empleo de las personas con discapacidad 2015”, la discapacidad intelectual presenta las tasas de actividad y de empleo más bajas de entre todas las discapacidades.

El dato estadístico de personas con discapacidad participando en el mercado de trabajo ha aumentado ligeramente respecto a 2014, aunque continúa siendo 40 puntos inferior a la de la población sin discapacidad. En cuanto a su tasa de empleo (23,4%), ésta ha logrado un incremento de un punto porcentual, situándose aún la brecha en más de 37 puntos inferiores a la de personas sin discapacidad.

Teniendo en cuenta la tipología de la discapacidad, la participación laboral sigue muy determinada por el tipo e intensidad de la discapacidad. Así, la discapacidad intelectual presenta las tasas de actividad y de empleo más bajas de las discapacidades señaladas en el informe (28,1% y 15,5%, respectivamente). Los datos también muestran el segundo descenso más acuciado de ambas tasas (dos puntos porcentuales) respecto a 2014.

Profesionales preparados

En este contexto, Plena inclusión lamenta profundamente estos datos y reclama medidas de apoyo al empleo que puedan generar itinerarios laborales para las personas con discapacidad intelectual en igualdad de condiciones que el resto. La patronal de la discapacidad miembro de Plena inclusión, AEDIS, ha destacado que las personas con discapacidad intelectual, con los apoyos adecuados, son profesionales preparados para competir en el mercado laboral y anima a las empresas a que sean generadoras de empleo para el colectivo de personas con discapacidad y tengan en cuenta a quienes tienen mayores dificultades de empleabilidad, como las personas con discapacidad intelectual.

Uno de los grandes retos es que la sociedad y el sector empresarial identifiquen a la persona con discapacidad intelectual como un potencial trabajador, pues estas personas tienen no sólo la capacidad, sino sobre todo el derecho a un trabajo accesible.

La experiencia nos dice que una persona con discapacidad intelectual que consigue un empleo da un paso definitivo en su autodeterminación, en el ejercicio de sus derechos como ciudadana y en su plena inclusión social, lo que termina repercutiendo positivamente en su calidad de vida.

 

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